Solsticio de invierno

“El tiempo en el que los hombres se convierte en Dioses”

En los tiempos antiguos y a través de muchas culturas, el movimiento solar era de gran importancia. El significado físico de estos eventos marcaba y marcan las estaciones y su conexión con la Pachamama.

Los solsticios y equinoccios no se celebraban solo como un evento físico. También contienen un enorme significado espiritual. Los ciclos solares se encuentran muchos paralelismos en la vida personal de cada individuo.

Estos ciclos tienen su propio significado. El viaje solar refleja el proceso universal de un cambio espiritual, la ascensión desde lo material a lo espiritual, un renacimiento donde comienza una lucha interna entre la oscuridad y la luz por obtener paz interior.

 

El gran cambio de consciencia.

En un contexto más amplio este fenómeno Tierra-Sol, el sistema solar y todo lo que yace más allá, pone al relieve al mismo tiempo, el sentido de crear cambios. Por esta razón, desde una perspectiva astrológica tanto los equinoccios como los solsticios, y en especial el de invierno, describen los cambios de conciencia y se presentan como una gran oportunidad para evolucionar, crecer espiritualmente, mentalmente y físicamente.

La noche más larga es un tiempo para las intenciones de ajuste, que dan a luz con el nuevo nacimiento del Sol. Lo que se proyecte ahora, puede crecer con el Sol y ganar impulso en la primavera. En estos momentos, se puede iniciar un propósito de establecer las intenciones del solsticio de invierno y del nuevo año, ver como muchas de ellas han llegado a ser anteriormente. La oscuridad antes del amanecer, al igual que las lunas nuevas, puede ser un momento de gran alcance mágico para elaborar lo que nos gustaría que sucediera en el próximo año.

Astrológicamente  la entrada del solsticio de invierno está regido por Saturno debido a que el Sol entra en el signo de Capricornio. Los antiguos astrólogos argumentaban que Capricornio es la puerta de los dioses y Cáncer es la puerta de los hombres, “El tiempo en el que los hombre se convierte en Dioses”,  el cambio de conciencia para evolucionar a algo mayor.

Tradiciones ancestrales de la vieja Europa.

En las culturas romana y celta, el solsticio de invierno se festejaba el regreso del Sol. A partir de esta fecha los días empezaban a alargarse. Esto se atribuía a un triunfo del Sol sobre las tinieblas. Estas celebraciones significativamente culminaban con la celebración del Sol Invictus (el Sol Invencible), las festividades constaban de sacrificios y ofrendas en el templo de Saturno, rituales con  hogueras, suntuosos banquetes y una subversión de las normas sociales: se bebía, se comía, se copulaba y se apostaba, y los esclavos eran liberados temporalmente.

Los antiguos pueblos nórdicos daban inicio al solsticio de invierno con una celebración llamada Yule, que significa rueda y está relacionada con la forma circular del sol, dedicada a la fertilidad y la abundancia. Curiosamente coincidía con la Noche de las Madres con la que los celtas daban la bienvenida este solsticio y que tenían que ver con su calendario agrícola.

En Europa, ante la llegada de los solsticios, desde tiempos prerromanos, se han realizado diversas celebraciones y rituales, con hogueras. Muchas culturas manifestaban su aprecio por la significación de este día erigiendo monumentos, como el de Newgrange, en Irlanda, o el de Stonehenge, en Inglaterra.

 

Renacimento en el corazón de latinoamérica.

En la zona andina los pueblos celebran el Cápac Raymi (en quechua, Qhapaq Raymi), era una fiesta en honor al Sol que se llevaba a cabo en el mes de diciembre, donde se realizaban sacrificios de animales, se bebía chicha de jora, se mascaba coca y se bailaba. En este día se reunían las cenizas de los sacrificios y las arrojaban a los ríos para que estos las llevasen al mar, a Viracocha, como el retorno de todo a su autor. Corresponde al primer mes del calendario inca.

En México el solsticio de Invierno, se relaciona directamente con el nacimiento del nuevo sol y el nacimiento del niño Mexi Huitzilopochtli, deidad mexica que es perteneciente al rumbo del sur y representa la esperanza del nacimiento del nuevo sol, sol de despertar colectivo de conciencia.

 

Los mitos y leyendas de las antiguas tradiciones tenían un sentido muy distinto al que actualmente se le otorga, aunque si profundizamos un poco, quizás no sea tan distinto, solo cambia el punto en el que se observa  y ritualíza.

 

“En la Noche Oscura, sólo los que mantienen una conciencia honesta en esta época, saben que a pesar de la incertidumbre, a pesar de la oscuridad, la Luz renace y pronto despuntará en el horizonte un nuevo amanecer”.

 

Feliz y prospero solsticio de invierno.

Máster.

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